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Ella debe morir [Priv. Veritas]

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Ella debe morir [Priv. Veritas]

Mensaje por Fabrizio Gabaldi el Dom 04 Oct 2015, 3:29 pm

Otra noche en esta fría habitación, paso mas tiempo en esta sala de confinamiento que en mi propio cuarto, al punto que me enoja ver que algún otro infeliz lo castiguen y lo manden a mi auto-proclamada habitación. Pasan horas donde me las paso sentado en el suelo, esta habitación debe ser un castigo pero en mi caso es el único sitio en paz nadie que fastidie con normas y mis métodos, solo yo con mi pensamiento. La puerta se habré de repente al medio de mi sentencia por incumplir. La luz cegadora me encuentra sentado en un rincón del fondo con un tick en la pierna que no dejaba de pisar con el talón levemente el suelo. Con los brazos cruzados solo digo lo primero que se me ocurre -Cierra la puta puerta no vez que trato de dormir?- El estúpido rompió mi concentración y mi temperamento quería surgir....

Las palabras del desconocido fueron de un nuevo trabajo, ya arruine muchos siendo sucio y desprolijo, todos lo hacen ''bien'' sin dejar el cuerpo de la victima al aire libre, limpiando el arma homicida, y evitando testigos. Todo me parece una mierda pero según ellos debo dejar de matar a golpes a los objetivos. Pero si va a morir a fin de cuentas entonces que importa? Pero NOOO! Ellos tienen sus métodos y no son como quiero. Estoy hasta la coronilla de golpear a los nuestros pero se bien el castigo a eso. El castigo de traición es ejecución y aun tengo ganas de seguir matando, no que me maten.

Es complicado lo se, pero me entiendo. El nuevo mandato es mi ultima chance, si la cago voy a ser re-educado y nada puede salir mal, ellos quieren que lo haga bien sabiendo a cuestas mi rebeldia. El trabajo es simple siendo el único requerimiento la muerte, no que parezca un accidente ni que parezca crimen pasional ni nada de esas ocurrencias. Solo matar y por eso me lo asignan esperando que una mision cumplida cambie un poco mi forma de ser. Me levanto y salgo de la sala de confinamiento hacia la luz.

El equipo básico se me es requerido y no necesito mas, suelo golpear con cosas que encuentro a la mano sintiéndome todo una persona totalmente creativa
aunque eso cree huellas. Preparo mi mochila y me mandan a la calle nuevamente. Salgo algo desorientado girando en el lugar mirando hacia todos lados, es plena noche y ni me di cuenta hasta salir y si fuera poco estoy en Londres, aquí mismo arruine el mandato anterior y por eso me castigaron sin dejarme ir a la cede central. Esos desgraciados seguro me observan así que vamos a lo primordial que es la evaluación de objetivo. Entro a un bar pidiendo un whiskey para empezar a hojear el archivo. Objetivo: Veritas.... Que estúpido apellido, Empleador: Miller.... Un político? -Que mierda pasa acá?- El tiempo pasa y vasos vacios se acumulan mientras mas leo el archivo, la joven hace mucho ruido y la quieren fuera típico de político, y mas en épocas de campaña y este ruido solo lo haría ver mal... Que lastima siendo tan linda  que tenga que perecer, no voy a arruinarle su funeral desfigurando su rostro quizás solo un disparo y ya.

Quemo todo el archivo y los de seguridad se alarman, me quieren sacar a lo que le respondo con un golpe en el rostro,  pateo uno de sus pies para destabilizarlo, va a caer cosa que aprovecho sujetando su cabeza y lo hago golpear contra la barra, ya esta echo una pelea de bar, sacando uno de seguridad del juego otros ebrios aprovechan, lo sucedido solo dura unos breves momentos para mi así que salgo a la calle dejando el bar en plena pelea, parece una batalla campal pero que mas da yo ya estoy dando la vuelta la calle.

Camino por la avenida feliz de no haber pagado todo lo que tome, prendo un cigarro y tambaleando llego a la casa de ella *toc toc* Se habré la puerta -Amor ya llegue- sonriendo le coloco el arma en la cara y entro en la casa -Cierra la puerta!- No dejo de apuntarle a lo que seria una muerte segura -Sabes..... estoy muy ebrio.... tan ebrio que se me ocurrió una maravillosa idea.... pero depende de ti, estarías dispuesta a ayudarme?-

Al lector:
Estos sucesos ocurren varios años antes, donde respectivamente nuestras historias muestran como es que llegaremo a Fuyuki.

En caso de Fabrizio, antes de ser policía era un asesino y este tema mostrara ese arco de su historia
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Re: Ella debe morir [Priv. Veritas]

Mensaje por Aletheia Veritas el Sáb 31 Oct 2015, 4:12 am

—¿¡Cómo puedes decirme eso, Grosky!? ¡Ya tenemos todas las pruebas, sólo es cosa de llegar con la orden de arresto y ambos estarán tras las rejas! —la exaltada detective asestó un puñetazo en el escritorio del jefe de la unidad para la que ella trabajaba.

—Entiende Veritas, aquí está en juego algo más que tu placa; si Thompson cae, también lo hará el padre Miller, y él es alguien muy peligroso —le dijo en tono de advertencia, cuando llegaba a éste punto era casi inútil el discutir con él, sin embargo eso le importaba poco a la joven.

Había pasado medio año investigando una red de prostitución infantil que se extendía por casi media Europa y, cuando al fin dio sus frutos, no podía hacer mas que quedarse de brazos cruzados porque había varios políticos involucrados. Entre ellos se hallaba un ahora candidato a formar parte de la Cámara de los Lores del Parmalento del Reino Unido, lo más irónico era que se trataba de un sacerdote de la Iglesia Anglicana.

Detestaba el tener que actuar contra las leyes, ¿no acaso era ella su defensora? y, más importante que el defender la ley ¿no era su obligación el proteger a los inocentes? A decir verdad no era eso último el por qué se había enlistado en la policía sino el tener acceso a reportes que le ayudaran a encontrar a su hermana. Cuando comenzó ese caso ella misma pidió ser asignada a él; las posibilidad de hallar una pista para su búsqueda personal era infinitamente pequeña pero valía la pena intentarlo, o eso creyó hasta que topó con pared.

—¿Y crees que no sé eso? Pero dime algo, Grosky ¿cómo puedes dormir por las noches cuando algo tan ruin sucede frente a tus narices y tu decides darle la espalda? —su voz ya no era tan alta, se estaba reprimiendo, mas sus palabras iban cargadas de veneno.

Con eso, tomó el reporte de dicho caso y salió de su oficina para ir directo a su departamento, necesitaba tiempo a solas y llevaba ya varias semanas fuera de casa. Se sentía mal por haberle hablado así al amigo de su abuelo, pero era algo que tenía que sacarse del pecho o le atormentaría por mucho tiempo. Entendía lo que le decía Grosky, pero eso no significaba que estaba dispuesta a aceptarlo o a quedarse de brazos cruzados.

Al llegar, su casa se hallaba hecha un total desastre pues a pesar de que no había puesto pie en ella el polvo se había acumulado en todos los muebles y había ya una jungla de telarañas en casi todo el lugar, así que puso las manos en obra para realizar la limpieza. Tardó dos horas de trabajo intenso decidió tomar un descanso y ducharse, el agua caliente le ayudaría a sentirse mejor y encontrar una solución para su dilema, cuando salió ya era de noche y se disponía a dormir cuando alguien tocó a su puerta.

¿Quién será ahora? Ya se había puesto la pijama y detestaba que la vieran en su hábitat natural sin avisar pero no le gustaba dejar a las personas esperando, además podía ser una emergencia. Con paso veloz se dirigió a la puerta y tras casi tropezar con una camisa, la abrió... para encontrarse con el cañón de una pistola apuntando a su frente.

¿Cómo pudo ser tan descuidada? Era una detective y ahora mismo su vida dependía de un hombre que olía a licor porque había obviado el ver el pasillo por la mirilla gracias a una estúpida camiseta. La morena se quedó congelada por una fracción de segundo; estaba entrenada para hablar con criminales, sin embargo ese no era su fuerte. Sabía que no debía oponerse a su atacante y el saber a qué venía era prioridad, el antagonizar solo le traería una bala clavada en el cráneo así que tragó saliva y trató de salir de la situación en que se encontraba.

Cerró la puerta, tal como le indicó, sin movimientos bruscos; se giró y mantuvo las manos a la vista del hombre, con las palmas abiertas. Con la mente remembró dónde se hallaba su arma más cercana; la opción de quitarle la suya a su captor fue desechada puesto que un forcejeo era más peligroso, tenía un revolver bajo la barra de la cocina del lado que no se puede ver desde la puerta pero ¿podría ser lo suficientemente rápida para llegar hasta ella sin recibir un balazo?

Por si fuera poco, las palabras del hombre no le dieron buena espina pero por lo menos le dijo parte de lo que quería; necesitaba ayuda, ¿con qué? no lo sabía pero pronto lo haría.

—C-claro, pero por favor no me mates... —jugaría a ser la víctima asustada que de hecho era, solo que con menos aplomo; era una pésima actriz, su voz no era fluida y si no estuviera lo suficientemente ebrio era probable que ya hubiera notado eso.

Por el momento pensaría en su estado etílico como debilidad que podía ser explotada; estaba descalza y sus pisos no tenían casi tracción pues era de mosaico, caminó sin darle la espalda y con pasos cortos. La segunda arma más cercana estaba debajo del sillón de tres piezas hacia el que ahora iba.
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Re: Ella debe morir [Priv. Veritas]

Mensaje por Fabrizio Gabaldi el Sáb 28 Mayo 2016, 1:27 am

Estaba tenso lo admito, mientras le apunto a la joven miro por las ventanas paranoico cerrando las cortinas lo mas posible para dar unos pasos rápidos para apagar las luces. -Ven!- La sujeto del brazo y sin delicadeza la lanzo contra la mesa -No puedo confiar en ti- Mis manos fueron por el cable del televisor para arrancarlo y usarlo para atar las manos no sin antes perderse ''por ahí'' -Bueno... parece que no llevas micrófonos- La agarro nuevamente del brazo y la llevo a un tour de su propia casa buscando por cada sala, cada pasillo y cada esquina. Nose lo que busco pero si encuentro algo lo voy a llenar de plomo.

Llego a lo que parece ser el baño y me acerco al espejo, soltando a la joven al lado mio. Saco mi POWER de mi bolsillo para estar mas atento, una tiza que muelo con la culata del revolver para luego aspirarlo por la nariz -WOOOOOOOOOOOOOOOO!- No quería que ella se lo pierda así que la sujeto de la nuca y la hago pasar por el polvo mágico que me.... que me... yo... Maldición cuanto tiempo estuve fuera de mi? Es mas, hace poco me parecia esta casa mas grande de lo que realmente es.

Abro el agua fría para tirármelo en la cara, la verdad ni siento mi rostro pero estoy acelerado, maldición otra vez me deje llevar por estos hijos de puta que me ordenan. Observo mi rostro con detenimiento, piel seca con labios pálidos, ojeras de universitario y peinado de recién levantado. Esta vida quizás les guste a alguien pero a mi no me agrada, mi borrachera se contrarresta con la heroína, no estoy bien pero al menos estoy lucido.

En serio pensé ''POWER'' *me frustro golpeando levemente mi frente con mi arma* -Perdón...- Es lo que puedo decirle a la joven pero es una mentira, no me arrepiento de nada pero trato de mostrar que si al desatarla. Quizás no estaba en mis mejores momentos pero la idea de irse a la mierda no esta tan mal, el alcohol dice si y la heroína también, a quien mas le debo consultar?

Irse suena muy descabellado, mas si solo conozco como regresar a la ''perrera'' Necesito mas que solo desearlo. No quiero esto, no ya no mas. -Mírame- Le sujeto el rostro a la metiche y al segundo de hacerlo la suelto, no era mi intención seguir siendo brusco, lo que quiero es limpiar la droga de su cara por ser mi culpa que pase por esta situación. Mientras pienso en que decir, paso levemente una tolla por su rostro -Ya debes saber que no vas a salir con vida de aquí, eso si, vas a salir de aquí pero en una bolsa de plástico negra- Trato de ser amable pero no puedo hasta dando mi mejor esfuerzo, soy el lobo feroz tratando de convencer a caperusita. Debo estar decidido en escapar porque no va a ver retorno, me van a matar una vez tome el riesgo. -Sabes? Podría haberte disparado en la frente tan pronto abriste la puerta pero no lo hice, eso es porque tengo una propuesta de negocios solo para ti- Miento nuevamente, si no es ella sera el vecino y si no el que sigue hasta encontrar a alguien que me pueda ser útil.
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Re: Ella debe morir [Priv. Veritas]

Mensaje por Aletheia Veritas el Sáb 04 Jun 2016, 12:01 am

La noche había pasado de ser un momento de descanso a un allanamiento de morada con secuestro; la mujer ya había pasado por uno en su infancia, sin embargo eso la hacía un tanto más vulnerable a la situación. Los recuerdos de cómo se las habian llevado a ella y su hermana fueron revividos en ese momento; por eso mismo no reaccionaba como una detective debería. Su cuerpo actuaba de forma un tanto más torpe y, cuando se suponía debería haber tomado ventaja de la situación, no lo hizo, simplemente no podía. Emitió un chillido de dolor al ser lanzada contra la mesa, acababa de golpearse la cadera y se mantuvo en pie con los brazos, esperando que la mesa no se cayera junto a ella.

Cuando arrancó el cable de su televisor no pudo evitar en pensar en las mensualidades que le faltaban para pagarla. Me pregunto si esto lo cubrirá el seguro... mas no se detuvo mucho en ello pues el demente comenzó a tocarla "buscando micrófonos" ¡Todos los hombres son unos cerdos! Esa era una verdad que supo desde su primer vez y no le sorprendía en absoluto que la misma regla aplicara para ese tipo, y más por lo ebrio que estaba.

Quizá eso era lo que venía a buscar, la dichosa ayuda que quería no era mas que una forma de satisfacer sus bajos instintos; el tour por su casa podría bien ser su búsqueda para un sitio apropiado. Cualquiera estaría asustada por tal hecho, sin embargo la detective le vio el lado amable: en ese momento él estaría más vulnerable y tendría la guardia baja, así que era su oportunidad para defenderse. Mas no le dio mucho tiempo el pensar cómo lo haría, pues acababa de detenerse y la metía al baño.

Su expresión de asco pasó a ser una de sorpresa, el tipo ahora mismo se drogaba en su lavabo y quería compartirlo con ella. Debido a lo rápido de la situación no pudo hacer lo más sensato: contener la respiración; así que parte del polvo blanco entró en su sistema. Ella no sabía qué fue lo que acababa de aspirar, pero tenía la completa seguridad de que no se trataba de algo bueno. Cuando estaba en la prepa muchos de sus compañeros de clase fumaban marihuana, le habían invitado incluso y ella se negó rotundamente así que lo más fuerte que había consumido era alcohol.

Hay dos formas en que reaccionan las personas al drogarse con heroína, la primera era al parecer la que experimentaba su captor: el cese de las funciones básicas del cuerpo, incluso el respirar quedaba comprometido. Sin embargo, a Veritas le había tocado la segunda forma, la más violenta por ser su primer consumo: experimentó una sensación de vértigo como jamás en su vida, y si aún así podía evitar el vomitarse, debido a la droga no pudo y ahora estaba bañada en la pequeña cena que había ingerido no tenía ni una hora atrás. La boca se le secó, el tinitus se hizo presente y la vista le fallaba.

Siquiera de ésta forma no veré lo que me hará. Fue lo que pensó antes de desmayarse cerca de la puerta del baño y que las alucinaciones comenzaran. Frente a ella un sin fin de colores se arremolinó y al principio fue hermoso, hasta que se transformaron en figuras sacadas de las pesadillas más oscuras que habia tenido de niña. Miedos que creía haber enterrado muy dentro de su subconsciente resurgieron para atacarla; rostros desconocidos que olvidaría cuando su viaje en opiácidos terminara se burlaban de ella y se llevaban a su hermana.

El sonido del agua la hace volver en si, mas no registró lo que le dijo el desconocido, de todas formas no creería lo que le dijera: sus ojos no la dejarían creerlo. El olor a suciedad que despedía tal mentira que salía de su boca era inconfundible, ni estando sobre su propio vómito y cerca del retrete lo olvidaría. Todo lo que decía olía a mierda rancia y la policía se contuvo demasiado para no volver a vomitarse ahí, además que no tenía ya nada que devolver. Dejó que le limpiara la cara porque no podía hacerlo ella misma; escuchaba la sarta de mentiras que le intentaba hacer creer, pero mientras él tuviera el arma le seguiría la corriente.

—Para ser alguien tan directo llevas dando vueltas en lo mismo desde que llegaste —comentó con un aire de sarcasmo, las drogas le habían desinhibido un poco —A éstas alturas me haces creer que montaste éste circo como excusa para meterte en mi departamento.

Una carcajada se hizo presente en los labios de la inglesa: cosa que no pasaría en una situación normal, pero ésta distaba de serlo así que ¿por qué no? Si de todas formas ya estaba con un pie más para allá que para acá, ¿qué más daba el cómo pasara los últimos segundos de su vida antes que una bala le volara los sesos? Siquiera se reiría en la cara de su asesino para no parecer asustada.
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