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Día de compras [Libre]

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Día de compras [Libre]

Mensaje por Aidan el Vie 25 Mar 2016, 7:05 pm

Era sorprendente como una vida podía cambiar en el transcurso de una sola noche; como a penas un breve instante podía ser el inicio de algo nuevo y diferente; un encuentro, dos miradas que se reúnen, palabras intercambiadas que sellan un acuerdo, acordando compartir un mismo camino entrelazando sus destinos de forma irrevocable, una unión más fuerte que cualquier lazo terrenal. ¿La muestra de aquel pacto? Las marcas que portaba en el dorso de su mano; el símbolo que formaban los diseños intrincados de los sellos de comando. ¿Sus motivos? Un misterio; dos personas tan distintas que, sin embargo, habían convenido cooperar en la consecución de sus mutuos intereses; por una parte la voluntad de demostrar el propio valor, por otra el conocimiento que daba la experiencia en el sendero que habrían de recorrer los que emprendían aquel difícil viaje. Eso era lo que los unía desde hace pocas horas, era lo que, más que cualquier otra cosa, marcaba el comienzo del cambio, cambio que solo el tiempo diría si se producía.

Al mantener en la memoria más cercana a la “superficie” los acontecimientos de la noche anterior, al joven heredero le parecía tan mundana la actividad que habían planificado; ir de compras no era comparable con la intensa práctica que habían tenido; pero la vida sigue, y no todo siempre es extraordinario, incluso aunque se gozara del privilegio de caminar junto a quién prácticamente era un milagro encarnado. Una vez la extenuante actividad de la noche anterior hubo concluido, se habían ido a dormir con la satisfacción de quien presiente que sus “proyectos” llegarán a buen término. No, él no deseaba pensar en los detalles de la noche, apenas lo hacía su sangre lo delataba, corriendo presuroso el rubor a sus mejillas; pese a que había cruzado por su mente el agobiante pensamiento de que no podría descansar teniéndola a ella tan cerca, su cuerpo no tardó en demostrarle su error; adolorido y agotado, no le costó mucho trabajo conciliar el sueño, pese a la profundidad de sus inquietudes, y a su aún mayor incomodidad.

Pero con la llegada de un nuevo día, el primero que compartirían Master y Servant, les llegaron las noticias que alterarían sus planes; los familiares del rubio no tardaron en informar que, en el atardecer del día siguiente, tanto la Torre del Reloj como la mismísima Iglesia, habían convocado a quienes desearan asistir, a una “campaña de exploración” que, por los detalles de la misma –o más bien la ausencia de ellos- llamaba por completo toda su atención.

Por supuesto, asistirían.


-¡Creo que iremos a Londres, Lancer! – Habían sido aquellas las palabras del Magus tras la “discusión” del asunto que había tenido con su Servant; ambos consideraban que era, por partes iguales, algo importante que no se debían perder, y al mismo tiempo una actividad en que correrían un gran riesgo. Pero, ¿no era todo un gran riesgo desde que había hecho aquella invocación? En efecto, lo era; así que, con ese pensamiento en mente, hicieron en poco tiempo los preparativos.

Para llegar a su destino habían decidido abordar un vuelo comercial, viajando –como cabría esperar- en primera clase. Tras bajar de aquel “pájaro de acero”, dejaron que el par de “empleados” que los habían acompañado se hicieran cargo de su equipaje, el cual llevarían hasta el hotel en que se quedarían; de ese modo ellos podrían dedicarse a disfrutar, en completa soledad, del viaje que habían planeado.
-Fue buena idea aprovechar que de todos modos teníamos que venir a esta ciudad; de seguro encontraremos casi cualquier cosa en las tiendas de por aquí. – Comentó luciendo bastante animado, mientras pensaba, como si buscara justificar la concesión de aquel capricho, que de todos modos tenían que hacer tiempo hasta el día siguiente.

Al ingresar a la zona más concurrida del aeropuerto, la mayor parte de las miradas se dirigió hacia ellos; Aidan destacaba con su elegante apariencia; iba ataviado con pantalones oscuros, camisa de seda y una chaqueta perfectamente adaptada, todo gritando que había sido sacado de un escaparate de primera, aunque la frase “hecho a la medida” era mucho más preciso; su acompañante, como todavía carecía de prendas que pudiera llamar propias, había sido abastecida para aquel viaje, con prendas de las otras mujeres que habían habitado en la mansión; de modo que su aspecto general era, siendo modestos, bastante llamativo.
-Conseguí que me dieran algunos datos de lugares interesantes que podemos visitar, así no andaremos tan perdidos. – Dijo intentando ignorar el peso de la mirada de la gente que pasaba a su lado; algunos incluso, de forma descarada, detenían su andar para contemplarlos fijamente; el rubio carecía del “sentido común” de la gente de la zona; criado entre lujos y opulencia, para él aquello –la “elegancia casual”- era la norma, como si se tratara de un sello personal, o quizá de su linaje. Intentando fuertemente no mostrar su incomodidad, sacó el mapa que había conseguido, con los lugares que le habían señalado, marcados de forma perceptible; aunque su rostro nada reflejaba, sus movimientos nerviosos lograban delatarlo, por lo que se centró en lo que le mostraba a su Servant, para que juntos decidieran el lugar al que acudir primero.
Aidan
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Re: Día de compras [Libre]

Mensaje por Eclair Lachapelle el Jue 31 Mar 2016, 2:50 am

Por los cristales bostezaba ya la mañana, la mañana plomiza y condenada a un día nublado de invierno, cuando Eclair salio apresurada a la calle, con un teléfono móvil pegado al rostro.

─....Creo que les hace falta confiar un poco mas en mi. ¿Es que alguna vez no les he dado resultados? Dicho eso, creo que merezco este descanso.─

─Señorita, no creo que sea así de fácil. ¿Sabe cuanto cuestan los recursos que estamos donando para sus proyectos? Entiendo que la Agencia de Entierros opere de manera independiente ¡Pero esto es demasiado ya! El cardenal no estará contento, de eso este segura, Hermana Lachapelle.─

La ejecutora sonrió amargamente, frotando el costado de su rostro con la mano libre. Ya se esperaba que el Vaticano se tomara a mal la propuesta de sus "vacaciones", pero no es como si les estuviera pidiendo permiso, sino solo avisándoles, como de costumbre.

─¿Crees que al cardenal le guste una postal del Big Ben? Seguro eso le anima.─

Se escuchaban los bufidos del secretario de la Iglesia al otro lado del altavoz, y en respuesta, la sonrisa de la ejecutora crecía tanto en dimensión como en sinceridad, y se hacia obvio que ella miraba las regulaciones y procedimientos oficiales como un broma, como si ella estuviera en una posición muy alta para rendir cuentas a nadie, mas que a su Dios.

─Ya veo que no cambiara de opinion. ─Le respondieron, con voz desanimada.─ Le informare al cardenal. Usted solo trate de informar si descubre algún peligro para la Santa Iglesia mientras tanto. De ser posible, también... ─

Abruptamente, la llamada se corto, dejando el descortés sonido de la linea muerta al otro extremo de la misma. La hermana guardo el teléfono en su bolso, aun sonriendo. "¿A donde ahora?" Penso, mientras el frío hacia que sus falsas mejillas se sonrosaran. En realidad, el rubor no se debía a ningún proceso natural, ni el colorante que causaba el fenómeno era verdadera sangre, como la que corre en las venas de los humanos normales. Pero estéticamente era normal, y ella estaba satisfecha con eso.

Hambre, sueño, dolor, cansancio... eran todas cosas que su nuevo cuerpo podía sentir, sensaciones que tenia décadas de haber olvidado. "En ese sentido, este cuerpo es mucho menos optimo para la investigación, pero es mucho mas fácil pasar desapercibida ahora", se decía a si misma, en lo que luchaba por salir de la multitud agrupada a las afuera del aeropuerto. A pesar que el efecto jetlag aun entorpecía sus sentidos, todavía se consideraba lista para salir a explorar la ciudad.

Y ahí estaba ella, vestida como nunca había estado, con chaqueta negra y falda corta, con medias completas y bufanda para el gélido clima Londinense, el cual parecía pintar las calles con amables pincelazos de niebla y brisa, sin llegar todavía a llover, y por supuesto, un frío que sacudía sus manos y pies. Sus ojos azules absorbieron cada detalle que descubrían en las calles, y cada tanto entraba a algún establecimiento, miraba los bienes en los escaparates, compraba algún sourvenir  e iba por algún antojo; visito el puerto en tranvía y degusto el idiosincratico pescado con papas fritas, como lo recomiendan aquellos baratos panfletos para turistas.

Después de unas horas, la hermana entro en un distrito comercial no muy lejano, y se dejo caer en una banca. "Es una ciudad frívola, pero tiene su encanto..." Concluyo. De preocupaciones ya había tenido bastante, y en ningún momento su mente se aventuro a su propio mundillo de curiosidad y prejuicio; sino, lo único que hacia era encontrar un liviano e inocente consuelo en ver a la gente a su alrededor, y los miles de anhelos y desdichas que cada uno guardaba. Eso también era un material de investigación digno de interés, solo que ella no lo veía así, al menos no por ahora.

"¿Que sigue ahora? ¿Tal vez comprar mas ropa?" Cavilo, con un aire de culpa. "Supongo que seria poco practico solo poseer hábitos de monja. Las investigaciones de campo pueden requerir atavíos mas variados, si".  Eclair se levanto y camino hacia la primera tienda. Oteo por un rato, pero entonces se percato de lo siguiente: Su sentido de la moda estaba verde y muy poco maduro, al punto que tuvo que salir de la tienda con disimulo pues se sentía terriblemente fuera de lugar.

Tras retomar el aliento, estaba lista para intentar con otro local, cuando la gente alrededor suyo empezó a contener el aliento y enfocar sus ojos en la misma dirección todos a la misma vez. Curiosa la hermana se asomo también, y vio a una pareja vestida con opulencia, aportando a la acera el resplandor que el tímido sol invernal se rehusaba a entregar ese día. Hubieron quienes creyeron que se trataba de estrellas de cine, pues esas personas no eran pocos comunes en aquellos distinguidos distritos de compras, y ciertamente Eclair no llego a pensar lo contrario, a pesar -y tal vez a causa- de que ella obviamente no era del tipo que seguía en detalle los sucesos y personalidades del mundo secular.

Entro a la misma tienda que ellos eligieron, y se dirigió a la sección de indumentaria femenina donde aparentemente los dos tenían pensado ir también. La colección de vestidos que ahí tenían era asombrosa, y por un breve momento el estoicismo de la ejecutora se vio nublado por el simple asombro que causaban los hermosos artículos que a sus ojos se presentaban, cuya fabricación no podía ser sino de la mas fina -y cara- manufactura. Torpemente cogió un vestido en cada mano y los comparo en detenimiento. Pero la expresión de perplejidad en sus cejas la delataba muy fácilmente. La hermana fanática, la asesina profesional, la investigadora obsesiva... simplemente no tenia la mínima idea de que hacia ahí, o que debería estar haciendo.


Aspecto actual de Eclair:



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Re: Día de compras [Libre]

Mensaje por Scathach el Vie 01 Abr 2016, 3:16 pm

Para Lancer, aquel comienzo no podía ser mejor en más de un sentido. No lo diría jamás de boca, pero ejercer nuevamente su papel de instructora traía consigo sensaciones agradables de vuelta, una mezcla de nostalgia agridulce acompañada de una nueva promesa de ver realizado un buen trabajo en alguien que ella juzgaba merecía tal honor. Ese pequeño interludio de la noche anterior sirvió para comprobarlo y reafirmar que su decisión era la correcta, Aidan era una joya en bruto que, una vez pulida, revelaría su auténtico brillo.

No solo en el sentido de ser un magus, o un guerrero, la persona que es ambos es más importante que cualquiera de las facetas que adopte en el momento. Va más allá de tener valores, ser noble o de respetar el significado de todo lo que se hace, sea combatir hasta la muerte o desentrañar los misterios del universo. De nada vale nadie si en principio no hay un valor real en la persona, esa era una de las principales lecciones que solía impartir en el Dún Scáith.

Por otro lado, tenía que admitir que se lo estaba pasando bien aún fuera de los lineamientos de instructor-aprendiz. Había descubierto sin dificultad alguna el nivel de inocencia de su master, a quien encontraba más casto que una doncella de trece años, un detalle que si bien le sorprendía le resultaba divertido, y en cierto modo, entrañable. Habría querido prometerse que no abusaría de aprovecharse de eso, pero, por todos los dioses que había asesinado, era tan tentador hacerlo…

Su buen humor seguía intacto después de recibir las noticias de los familiares, si las cosas se movían de prisa entonces solo había que apegarse a ese ritmo lo mejor posible sin incurrir en imprudencias innecesarias. Tras una corta charla sobre lo que harían, Lancer dio su voto en favor de participar en esa investigación, aun cuando consideraba que todo era demasiado pronto, nada ganarían rezagándose. Esa era una guerra, si ese hecho tenía o no que ver con los sucesos extraños que rodeaban la misma, era cuestión de averiguarlo, el saber implica involucrarse, arriesgarse y exponer sus vidas en una lotería del destino.

El vuelo a Londres fue tranquilo, Lancer se tomó esos minutos para dormitar en su asiento. Aun siendo un espíritu heroico disfrutaba mucho de relajarse en las horas diurnas, detalle que podría hacerle quedar como una perezosa, cosa que desentonaba completamente de su perfil de la noche anterior, de la instructora implacable y marcial, que en esos momentos lucía como una joven más que disfrutaba de echarse a la pereza, la misma joven que a la salida del avión y el trayecto de salir del aeropuerto robaría tantas miradas como hacía Aidan.

Si era consciente de eso o no, es difícil percatarse. Scáthach siempre se ha sabido atractiva, le es normal causar ese tipo de impresiones, sabe que con las ropas que lleva ahora acordes a esa época —una blusa de lana manga larga y cuello de tortuga color claro, pantalones cortos negros y botas de tacón hasta la rodilla— le sientan bien, y lo mejor es que le son más cómodas que otras vestimentas de tiempos pasados. A los que se quedaban mirándoles con más descaro, Lancer les devolvía la mirada con una sonrisa que secuestraba el aliento, sea por intimidación o por un acceso de vergüenza al verse frente a alguien con demasiada seguridad en la imagen que transmitía.

Podemos ir a esta. No soy una persona de muchos lujos, y la ropa casual de este tiempo me gusta más que las ostentosas.

A pesar de haber vivido como reina un tiempo, la mayoría de su existencia la asumió como una guerrera, alguien que va por su cuenta sin llamar la atención hasta que realiza alguna proeza. En sí, a ella los lujos no eran nada indispensable, podría decirse que le restaban la comodidad al modo sencillo y fresco al que estaba acostumbrado, y con el que se sentía bien.

La tienda en la que entraron comerciaba marcas de prestigio, pero contaba con su apartado para lo casual, que fue el primer lugar que Dana atacó. Entre las camisetas, pantalones y pantaloncillos —como el que llevaba— que escogía, acabó rodando al área de los vestidos. Sus ojos rojizos mostraron curiosidad femenina ante los diseños. Esa no era una época para vestidos veraniegos como los que tenía interés e igualmente, cuando escogió uno de estos, su mirada se detuvo en una jovencita rubia que parecía indecisa con su elección.

Creo que ese borgoña te debe sentar bien, combina con tu tono de piel y tu cabello.

Fue la sugerencia que Lancer dejó caer para romper la tensión de la jovencita. Una de las cosas que aprendías de vivir demasiado era cómo la moda se adaptaba a la mujer según épocas, y qué detalles no cambiaban con esta, como los colores y tonos.

Deberías probar con tonos oscuros, o fríos, pero para el día, los más claros, como los cremas y pasteles, te echarán una mano. Son más frescos y reflejan mejor la luz, así que en días calurosos te sentirás liviana.

Le hizo una seña a Aidan para indicarle que ya tenía su primer lote escogido, e iba a medírselos en breve. Lo que el pobre rubio no sabía era que Lancer aún quería divertirse a su costilla.
Scathach
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Re: Día de compras [Libre]

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