Últimos temas
» Ao no Sekai Rol [Cambio de botón]
Lun 10 Jul 2017, 5:52 am por Invitado

» La Pluma y la Ficción [cambio de botón - Elite]
Miér 14 Dic 2016, 7:53 pm por Invitado

» Registro de personajes activos
Dom 04 Dic 2016, 6:53 am por Sarah Schwarzwald

» [Normal] Nakatagai no Niwa
Mar 01 Nov 2016, 4:55 pm por Invitado

» Naruto Storm (Afilacion)
Sáb 15 Oct 2016, 1:21 pm por Invitado

» [Normal] ♕ Return Of Kings (cambio de botón)
Dom 04 Sep 2016, 11:39 am por Invitado

» Tír na nÓg - Afiliación élite
Miér 24 Ago 2016, 1:10 pm por Invitado

» [Naegi +Abierto] Masquerade
Dom 21 Ago 2016, 10:38 am por Naegi Komaeda

» Invocación accidental [Privado]
Vie 05 Ago 2016, 3:34 pm por Achilles

» The awakening of darkness [Privado/DIO]
Jue 04 Ago 2016, 10:48 pm por Kurama

Afiliados
Hermanos
Limpieza mensual
Créditos
» Skin obtenido de Captain Knows Best creado por Neeve, gracias a los aportes y tutoriales de Hardrock, Glintz y Asistencia Foroactivo.
Se prohíbe cualquier tipo de copia, ya sea parcial o total, del contenido de este sitio.

Todas las ideas creativas, diseño e imágenes pertenecen a Fate/Insane Eclipse™. Todas las historias de los personajes y su desarrollo son propiedad de sus creadores.
Las imágenes utilizadas carecen de fines lucrativos y pertenecen a sus respectivos autores.
Especialmente se agradece a la wikia de Type Moon y Utopic Moon por la información que utilizamos en éste foro.
Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
Normales
Elite
Limpieza mensual
Directorios

Invocación accidental [Privado]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Invocación accidental [Privado]

Mensaje por Aletheia Veritas el Vie 08 Abr 2016, 6:38 pm

Londres — 3 de Marzo de 2004 — 0:14 hrs.

Hacía menos de quince minutos que las campanas del Big Ben habían indicado eran las once de la noche; el reporte del clima había asegurado que se acercaba un gran huracán, uno como nunca se había visto en Londres debido a su localización. Contrario a la visión estereotipada que se tiene de la ciudad, se trata de una región bastante seca; de los trescientos sesenta y cinco días del año, solo alrededor de catorce o diecinueve acontecían tormentas. El mero hecho de que ahora mismo se aproximaba una tromba era casi obra del cambio climático causado por el sobrecalentamiento global, o eso era lo que decían los más sensacionalistas.

Así fue que las calles quedaron vacías a partir de las nueve de la noche, la mayor parte de la población se había ya atrincherado en la seguridad de sus casas; podían verse ventanas tapiadas con tablones de madera. Mas no sucedía así con la detective que ahora mismo estaba transitando las calles en cumplimiento de su deber.

El comisionado de la policía de Scotland Yard, Grosky, le había recomendado el ser prudente y dejar el trabajo a los gendarmes; ellos le superaban en número y probablemente también en condición física. Sin embargo, eso nunca la había detenido durante su carrera policiaca; si bien ellos eran más, ella no requería de cantidad sino de calidad para encontrar a tan ruin criminal. Le había tomado meses rastrearle, pero al fin tenía una pista lo suficientemente concreta como para pasarla por alto solo por un poco de lluvia y viento.

Se trataba de un secuestrador y asesino serial casi sacado de una película de misterio americana; al principio nada parecía formar parte del mismo caso: un niño perdido en Lancaster, el asesinato de una enfermera en Dublín, quince chicas desaparecidas en Faversham, y crímenes similares habían sucedido en Sussex, Dorset, Edgmond, Rhayader, Braemar, Altnaharra, y Maghernally.

Todos sin conexión hasta que unas gemelas nunca volvieron a su casa en Londres y el caso fue asignado a la detective Veritas; eran unas niñas que no pasaban de los doce años de edad y habían ido de vacaciones con sus abuelos a Hampshire, los ancianos las devolvían a su domicilio cuando fueron asesinados por un hombre que sustrajo a las chiquillas. De no ser porque la casera de uno de los edificios cercanos era una amante de vigilar a sus vecinos por las noches no habría un testigo ocular, las cámaras de vigilancia por alguna razón no registraban grabaciones de esa noche; fue esa anciana la que pudo brindar una descripción del criminal.

Los periódicos si que habían tenido ventas esa semana, el morbo siempre vende y no fueron ni tardos ni perezosos para aprovecharse de la tragedia. La detective lidió con los reporteros desde que desde su departamento salió el rumor de que no era un caso aislado sino que formaba parte de una calamidad como nunca se había visto en Reino Unido desde los días de Jack, el Destripador de White Chapel.

El viento hacía que la negra y larga cabellera de Veritas se moviera por todas partes, tenía horas que una brisa tupida había comenzado por lo que sus mechones parecían gruesas serpientes y de vez en cuando debía quitarlo de su rostro para que no se le pegara. Su pálida piel le daba un aire escabroso a la joven, los cinco gendarmes que había accedido a tener como apoyo estaban caminando a unos quince metros de distancia de ella, les ordenó abrir bien los ojos y oídos en cada una de las cuadras que les asignó en caso de que el sospechoso escapara.

El sitio al que se dirigían era un edificio antiguo situado en uno de los barrios bajos de la ciudad, ahí donde pareciera que ni Dios había pasado. El cómo dedujo que se hallaba en ese lugar es muy complejo como para describirlo ahora mismo, pero ahora estaba al lado de una rejilla al nivel del suelo con la navaja suiza en una mano y una lámpara en la otra.

Ya lo tenía todo calculado, solicitó los planos de la casona al Ayuntamiento y ellos se lo brindaron casi sin chistar, después de todo se acercaban las elecciones para la Cámara de los Lores y no se vería bien que lo dejaran desatendido. “Porque al final todo se reduce a burocracia” le había dicho Grosky, y aunque tenía razón en ello no significaba que le agradara tal hecho a la agente.

La mujer raspó un poco el óxido que cubría la ranura de los tornillos que mantenían la pieza metálica en su sitio, procedió a retirarlos con la función de desarmador para retirar el marco con fuerza y el mayor sigilo posible. La idea oficial era que entraran los cinco policías y la detective por la ventanilla, sin embargo, ella se les había adelantado por mucho y a propósito. Ellos harían más escándalo que bien, la chica tenía experiencia en ese tipo de situaciones desde hacía ya muchos años y, a decir verdad, no quería que ese tipo saliera con vida del edificio.

Veritas podía escuchar movimiento a pocos metros de distancia de donde se encontraba, despacio, se dirigió a la fuente del mismo; sacó su pistola y, apoyó una mano sobre la otra con la que sostenía la lámpara. El suelo estaba húmedo y una que otra vez vio ratas pasearse por el mismo y las paredes; ahora que estaba dentro pudo olfatear el aroma a hierro tan característico de la sangre, emanaba de ese lugar como en ninguna de las otras escenas del crimen en las que ella ha estado… salvo por aquella donde ella y su hermana fueron víctimas.

Desconocido para ella, una escena de lo más antinatural sucedía en la habitación a la que se dirigía; la luz de las velas iluminaba el recinto y el rojo era el color predominante. Un hombre no mayor a los cuarenta años silbaba mientras trazaba un círculo y otros símbolos en el piso, usando sangre y una brocha hecha de cabello humano fresco, terminó su tarea y la observó con orgullo. Fue a la mesa más cercana, de la cual tomó una caja de vidrio que contenía un pergamino escrito por el mismo Homero… o por uno de los homéridas si es que se trataba de un grupo de trovadores ciegos tal como indicaban algunas teorías. Específicamente se trataba de un fragmento de la obra, la primera mención del héroe al que se trataba de llamar a éste mundo.

Le fue muy difícil conseguirlo, era la primera copia de la Ilíada de la cual se tiene conocimiento; se hizo del manuscrito con ayuda de un traficante de arte antiguo, claro que el anciano había terminado siendo comida para las pirañas del Amazonas. Lo colocó con sumo cuidado en el centro del círculo y fue por un saco con cerca de cincuenta joyas rojas, todos habían sido fabricados con la sangre de todas sus víctimas y encerraban su esencia vital en ellas; para él no fueron mas que baterías al final de cuentas.

Detrás de él estaba, ya sin vida, la dueña de la pintura y la brocha; a su lado, atada, amordazada y llorando, una niña no mayor a doce años observaba a su captor aterrada. Sabía que pronto encontraría a su gemela del otro lado de la luz y no pudo evitar el orinarse encima hacía poco. Desde que llegaran a ese lugar las había mantenido con vida solo para ese momento, siempre se los dijo y aquellos que llegaron después no duraban mucho, ellas eran especiales por el lazo que compartían desde el nacimiento.

Se acercaba la media noche y con ella el momento de la verdad, aquél psicópata plantó a la chiquilla cerca del receptáculo con vidrio polarizado y puso a su alrededor casi todos los cristales para mantener un puñado en la mano con la que mantuvo a la niña erguida jalando su cabello. De esa forma comenzó a entonar un cántico de invocación en latín que, traducido, dice lo siguiente:

Proveer, Proveer, Proveer, Proveer, Proveer, Repetir cinco veces el Tiempo otorgado
Al inicio la Plata y el hierro, Al Principio el Archiduque del Pacto Sobre la Piedra
El fundador es el gran maestro Schweinorg, un Muro contra el viento que desciende
Cerrar las puertas de las cuatro direcciones

El círculo comenzó a iluminarse y la niña se había ya dado por vencida, ahora no era más que una sombra de su antiguo ser.

Sacar la Corona, Girar al Cruce los tres caminos que llevan al reino
Informo que tu cuerpo me pertenece, mi destino esta atado a tu espada, sigue la llamada del Santo grial, y ¡Contesta si aceptas!
He aquí mis Ruegos, Solo somos Bondad, alejamos el mal de este mundo, eres los siete mundos vestidos con el alma de tres grandes palabras
¡Sal del círculo de invocaciones!
¡Defensor del Equilibrio de Maldiciones!

Fue en ese momento que Veritas entró a la habitación derribando con una patada la puerta, de esa forma dejó de estar sellada herméticamente, el maniático hombre tomó un cuchillo y degolló a la niña en una fracción de segundo. Iracunda, la detective disparó una bala que atravesó el cráneo del asesino y la luz cegadora que inundaba el cuarto no le fue obstáculo para ello.

La vista se le nubló, mas en ningún instante temió por su vida sino por la de la pequeña que acababa de convertirse en sacrificio humano. Víctima y victimario yacían muertos dentro del círculo, con los cristales a su alrededor; una sonrisa retorcida sobre los labios del magus y una máscara de sufrimiento sobre el rostro de la muchachita.

Por su parte, la fría detective bajó por un instante su disfraz de persona fuerte e invulnerable para expresar el dolor que le causó esa sensación de quemadura en el dorso de su mano derecha. Desconocido para ella, una marca en forma de cruz con nodos en cada extremo y el centro, con el travesaño inclinado desde el centro y apuntando hacia los lados inferiores acababa de imprimirse de forma antinatural en su otrora inmaculada piel.


Última edición por Aletheia Veritas el Vie 03 Jun 2016, 4:42 pm, editado 1 vez
Aletheia Veritas
avatar
Humanos
Mensajes :
6

Localización :
En la jefatura de policía

Ocupación :
Detective

Volver arriba Ir abajo

Re: Invocación accidental [Privado]

Mensaje por Achilles el Mar 10 Mayo 2016, 9:02 pm

El mundo al completo contuvo el aliento.

Todas las miradas se centraron en la escena que había sido vaticinada.

Y en su pecho ardía la sed de venganza.

Así se encontraban dos imponentes figuras, dos héroes a la espera de un aciago destino; la suerte ya había sido echada, y la balanza del dios que reina en lo alto, había decidido el final de aquel conflicto que parecía tan pequeño entre las sórdidas muertes de una guerra encarnizada en que las parcas a paso veloz recogían las almas que se escurrían de los cuerpos inertes y huían gritando a la mansión de Hades, el de los veloces corceles.

Depuesta la ira que, cuales mortales saetas que volaban de un arco del guerrero cuya mano era guiada por el dios que hiere de lejos, repartía la muerte con el dolor que causaba su ausencia en las filas de los compañeros de armas; renunció a su negativa a combatir junto a aquel rey arrogante que, sin reconocer la valía del mejor de los guerreros, le había arrebatado la recompensa que había ganado tras tanta fatiga. Por el respeto debido al más querido compañero, la ira que bullía en el fuerte pecho del héroe cuya vida había de ser tan corta como brillante, encontró un nuevo objetivo contra el que descargar la justa indignación de su gloria divina.

Poco importaba que su esfuerzo hubiera sido pisoteado por el pastor de hombres que decía ser más poderoso; prefería satisfacer el honor del compañero caído, procurándole la venganza por la que hasta los dioses inmortales, clamaban a voces en grito.

Tres vueltas dio a la ciudad amurallada, en persecución del que, con cuya broncínea arma, había hecho descender la niebla de la muerte en los ojos de Patroclo; el polvo se alzaba con cada pisada de los héroes que por decreto divino habían de luchar; cual león que acechaba a un rebaño de espantadizas ovejas que, al advertir el ágil trote del león que presagiaba la muerte, huían despavoridas sin poder escapar ni aumentar la distancia, hasta que sus fuerzas flaquearan antes que las de aquel voraz depredador; del mismo modo Aquiles corría tras Héctor que se revolvía inútilmente contra su destino del que, ni siquiera los dioses que con él habían sido complacientes, lo salvarían, pues ya se aproximaba la hora final que marcaba el ocaso de sus días mortales.

Seguían corriendo y los valientes compañeros del héroe de los pies ligeros tensaban las cuerdas de los arcos robustos, deteniéndose tan solo ante los gestos de Aquiles que, sin desear ceder su “presa” a las saetas de otro, se recreaba pensando en el momento en que la venganza sería suya. Con el beneplácito del olímpico Zeus, la mano de Atenea, portadora de la égida forzó al espíritu otrora deseoso de combatir, que huía como león puesto en fuga por los atemorizantes ladridos de los perros de caza y las llamas del fuego indolente que a nadie perdona y que blandían los jóvenes hombres que del rebaño cuidaban, a enfrentar al embravecido guerrero.

Puestos finalmente frente a frente, sobrecogido por la proximidad de su trágica muerte, o de su victoria gloriosa, Héctor pretendió llegar a un acuerdo con el iracundo guerrero, sin siquiera imaginar la cruda respuesta.
- Héctor, hijo de Príamo; para ti no hay misericordia ni concesión alguna; tú, que de cuantos troyanos existes me resultas por mucho el más odioso, serás devorado por los perros de modo que ni tus entrañas llegarán a tu pueblo para que puedan llorarte en los ritos funerarios. Así que reúne el valor del que tanto he oído hablar, pues cuando caigas herido de muerte por mi lanza, pagarás todo el dolor de mis amigos caídos, a los que arrebataste la vida. –

Él, que siempre había sido destacado en combate; él, que había sido bendecido desde su nacimiento; él, cuya ira era inconmensurable y digna de hasta el dios más belicoso; él, ese espíritu lleno de gloria que, sin importar su aciago destino seguía a delante sin detenerse, para cumplir aquel voto que había hecho a su madre, no podía atender a simples palabras; llenaría de gloria a los compañeros de guerra al matar al feroz defensor de la ciudad amurallada, vengando el espíritu del amigo al que más había querido.

Aunque el que se le oponía luchó con valentía, aquel día los dioses no quisieron oponerse a su ira y le concedieron la anhelada victoria; cuando la broncínea punta de su arma adorada, la lanza de su padre que solo él podía manejar, perforó la coraza que cubría el pecho del guerrero, para hundirse en la carne y atravesar un órgano vital, su pecho rebozó con alegría, la misma que le traían los campos de batalla; fue al combate sin saber si saldría airoso, pues la prematura muerte de su cuerpo que, pese a los esfuerzos de su madre, seguía siendo en parte mortal, se aproximaba con el ligero andar de cada hora; Aquiles enfrentó aquel destino, pues hasta el final actuaría como un héroe, para grabar su nombre en la historia y, aunque en aquella batalla salió con la cabeza en alto, y el cuerpo del muerto enemigo siendo arrastrado por su carro tirado por un par de briosos caballos inmortales; en su corazón permanecía –junto al triunfo momentáneo que lograba calmar, mas no eliminar, el escozor que estremecía su alma por el deceso del compañero querido- el conocimiento de que su vida se aproximaba a su final prematuro, cosa que jamás lo podría disuadir de aquella decisión tomada tiempo atrás; sin importar el momento, sin importar el lugar, el viviría y moriría como el héroe que era; eso era todo lo que sabía, todo lo que necesitaba saber, todo lo que era, y todo lo que sería, y ni el discurrir infinito de las insondables arenas del tiempo, contra las que ni la voluntad de los caprichosos dioses inmortales podía luchar, cambiarían la resolución que había abrazado de una vez y para siempre, desde hace lo que parecía mucho tiempo atrás.

Aquellos recuerdos se fueron apagando con prontitud, cuales velas que expuestas a la inclemencia del mal tiempo ven su luz extinguida de forma abrupta; del mismo modo el mundo que había sido formado con los retazos de sus memorias de una amarga pero gratificante victoria, fueron sofocados por la fuerza irresistible de una luz que lo bañó por completo, tragándose las figuras distantes que su mente había conjurado.

La luz llenó la lúgubre habitación, devorando las percepciones sensoriales de la única afortunada que en aquel recinto seguía respirando; una brisa ligera hizo vacilar el resplandor que las velas aportaban, las que, tras una primera y una segunda oscilación, recobraron su ímpetu, como avivadas por la fuerte presencia que se imponía en el espacio otrora vacío, arrancándole destellos rojizos a las vestiduras del héroe de tiempos pasados.

El griego recorrió la estancia con una mirada que parecía atenta a cada detalle; contempló con disgusto los cadáveres a sus pies, así como el tercero que yacía a una mayor distancia. Los jóvenes rostros de las muchachas, con sus ahora perpetuas muecas del más absoluto terror, parecían mirarlo con sus ojos vacíos, como implorando la compasión que no les fue concedida; mientras el hombre parecía haber caído sobre una chica al morir, como si aún tras su muerte su cuerpo quisiera proteger el más vulnerable; y, delante de toda aquella tórrida escena, una mujer con un arma en una mano, y las inconfundibles marcas del intrincado patrón que formaban los trazos sinuosos de los hechizos de comando.


-Supongo que tu has de ser la que me ha invocado y pretende ocupar el puesto de mi Master en lo venidero. – Aunque por si solas las palabras no transmitirían gran emoción, fueron pronunciadas con el más ligero toque de desprecio y desafío; cual arma que al ser sostenida por la fuerte mano de un avezado guerrero, transmitiendo así amenaza mortal, del mismo modo sus palabras y su actitud dejaban entrever un cierto nivel de hostilidad inicial. -¡¿Qué te hizo pensar que el sacrificio de un par de niñas sería apropiado para invocar a un héroe?! –

Como guerrero que había librado incontables batallas, la muerte no era algo que se le hiciera ajeno; a muchos había hecho exhalar su último aliento, por lo que entendía la necesidad imperiosa que permanecía en los instintos de cada guerrero, de terminar con la vida del enemigo jurado; así, la muerte del hombre no mucho le preocupaba, podrían existir algunos motivos que justificaran aquello, pero la masacre de dos almas inocentes era algo distinto a lo que quizá, por haber sido su propio destino el encontrar la muerte a edad temprana, era más susceptible; porque no hay gloria en arrebatar la vida a quien es incapaz de luchar por ella, esas muertes no tenían valor alguno a sus ojos, y solo podían sembrar las semillas de la ira que tan familiar se le hacía.

-Si es así como actúas, y esto es un indicativo de lo que eres capaz de hacer, tal vez debería terminar con tu miserable existencia. Siempre hay gloria para aquellos que a los que a través de sus actos destierran del mundo a espíritus crueles. – De ninguna manera él caminaría junto a un master que realizaba tales actos atroces; era un héroe, por eso había vivido, y por eso estaba en aquel lugar, y no era algo que pretendiera cambiar; y no era de los que servirían a un Master con el que no estuviera conforme. Por eso, dejó que el peso de su mirada y la sed de sangre que de pronto pareció aumentar el peso del aire, terminaran de hablar por él; una oportunidad tendría aquella mujer que blandía una de aquellas armas modernas, una oportunidad en la que, dependiendo de lo que respondía, viviría o moriría.
Achilles
avatar
Servant
Mensajes :
16

Volver arriba Ir abajo

Re: Invocación accidental [Privado]

Mensaje por Aletheia Veritas el Vie 03 Jun 2016, 5:45 pm

Una luz cegadora inundó el recinto, lo mismo que un vendaval que agitó la negra cabellera de la detective en todas direcciones. No tuvo tiempo para cubrir su rostro completamente a tiempo, pero si lo suficiente como para que no le quemara las retinas. Jamás había estado cerca de una explosión, pero sus síntomas encajaban a la perfección con lo que describían los manuales: un silbido mudo repicando en sus oídos, náuseas por el mareo, falta de respiración; molestia en general.

Su primer acción fue la de tratar de no golpearse el rostro al caer al suelo, sus piernas nola pudieron sostener más así que metió las manos para amortiguar la caída. Así que no vio cómo una nueva figura aparecía en el centro de tan diabólico círculo sangriento; de acuerdo a su percepción ella seguía sola en la habitación y lo que acababa de ocurrir es que el asesino demente cargaba una bomba consigo, misma que explotó cuando ella quizá disparó al mecanismo.

La bilis se le agolpaba en la garganta y sin mucha gracia, vació el poco contenido de su estómago sobre el suelo; de inmediato el aroma del vómito la hizo asquearse más y no pudo controlar sus siguientes reacciones. Desconocido para ella, alguien ahora mismo estaba de pie frente a ella, amenazando con asesinarla dependiendo de lo que respondiera a una pregunta que ella no podía contestar físicamente.

Ni todos sus años en la academia de policías y de servicio en Scotland Yard la habían preparado para algo de tal magnitud, alzó la mirada y se limpió la boca con el dorso de su mano; las marcas en ella pasaron desapercibidas en ese momento. Tan sólo hace menos de un minuto estaba persiguiendo a un asesino y ahora debía justificarse enfrente de un hombre al que jamás habia visto en toda su vida. La apariencia del mismo era por completo disonante con todo lo que haya visto, desde su cabello color verde y ojos dorados hasta la vestimenta anacrónica: se trataba de una rareza.

Con dificultad, trató de levantarse del suelo pues aunque no vio que se encontrara armado su instinto le decía a gritos que debía alejarse pronto de ese lugar. Mas sus piernas tenían otros planes y volvieron a flaquear, aunque ésta vez no cayó hacia adelante sino de forma vertical, quedando con el torso recto y las piernas dobladas. Los segundos parecían transcurrir a la velocidad de años frente a ella, su corazón latía como nunca lo había hecho y de pronto, las flamas cerúleas brotaron de sus ojos. Si éstas eran visibles para aquel ser, ella lo ignoraba, sin embargo algo era ya un hecho para ella: había un lazo que los ataba a ambos, un hilo delgado que brotaba del corazón del hombre y salía de la mano de ella.

Fue entonces que notó las extrañas marcas que portaba, aquel escozor de hacía unos segundos tenía ahora sentido; cual res algo la había marcado sin que lo viera. Todo era tan subreal que lo único que pudo hacer fue comenzar a llorar en silencio; las lágrimas se escurrieron de sus ojos simplemente y de su boca no salió sonido alguno: sólo podía escuchar los latidos de su corazón como tambores de guerra en sus oídos. La pintura negra y azul que adornara el derredor de sus ojos comenzó a diluirse por el salado líquido y le daba una pariencia aún más miserable: la de una chica que no sabía qué hacer.

Dejó caer la pistola, las fuerzas habían abandonado sus brazos y deseba con todas sus fuerzas que nada de esto estuviera sucediendo: que se tratara de un simple sueño inducido por el alcohol. Las niñas que ahora estaban muertas en el suelo no habían sido más que una pesadilla causada por una película que viera mientras esperaba pagar la cuenta de la televisión por cable la tarde anterior.

Esas pobres niñas... su mirada se posó sobre la última víctima del maniaco que no contento con torturarlas en vida, ahora yacía sobre una de ellas: como si ni en muerte la fuera a dejar descansar, el rostro de la chica dejó de ser el suyo para ser reemplazado por el de la desaparecida hermana de la detective. La culpa por no haber llegado antes de todo esto, un minuto hubiera bastado para salvarla de tan aciago destino pero la detective no fue lo suficientemente rápida para ayudarla; fue por ello que sucedería lo siguiente.

De pronto, su antiguo ser comenzaba a regresar a la cáscara vacía que estaba ahora frente al espíritu heróico; con lo último que le quedó de fuerzas, rió de lado y le dijo: ¡Anda, hazlo! ¡Es mi culpa, yo las maté, debí llegar antes, yo las maté!

La histeria la hizo comenzar a llorar sin control, su rostro se deformó en una máscara de sufrimiento y sus lamentos parecían los de una harpía en ese momento. Si no fuera por la tormenta de afuera los policías que ahora la buscaban habrían llegado a la escena del crimen: con ella llorando como Magdalena y una habitación sacada de película de satanismo como escenario. Dio una última mirada a las víctimas de tan horrenda monstruosidad antes de pasarla sobre su posible dador de justicia antes de sucumbir al desgasto psicológico y desmayarse.
Aletheia Veritas
avatar
Humanos
Mensajes :
6

Localización :
En la jefatura de policía

Ocupación :
Detective

Volver arriba Ir abajo

Re: Invocación accidental [Privado]

Mensaje por Achilles el Lun 20 Jun 2016, 11:06 pm

El hombre cuya presencia irradiaba confianza en sí mismo no podía sino dedicarle una dura mirada a la mujer ante él; la sed de sangre era palpable, el instinto asesino a penas contenido por la férrea voluntad del griego que, cual cadena forjada con el fuego y el acero, mantenía a raya a una bestia feroz, pero sin contenerla del todo; una palabra errada sería suficiente, la llave que abriría el candado, dejando caer los fríos eslabones que contenían el ardor de su ira que siempre mantenía cerca de la superficie, y que acudía gustosa a consumir todo pensamiento racional, como un perro bien entrenado que respondía a la voz de su amo.

La fémina estaba armada, pero por el semblante del héroe los incautos podrían pensar que parecía no notarlo. Si le hubieran preguntado si lo sabía, habrían quedado perplejos al descubrir que lo hacía; pero, ¿le importaba? En absoluto. Los proyectiles lanzados por aquellos juguetes modernos poco significado tenían para los hombres cuyas habilidades excepcionales habían sido pulidas en el campo de batalla, luchando desde el despunte del alba, hasta la llegada de la noche que a todos rinde con el soporífero influjo de su oscuro manto de sombras y sueños; para utilizar un arma había que estar dispuesto a luchar, sabiendo que se podía morir, estando dispuesto a aceptar el peor de los finales en el que los corceles de la muerte arrastrarían su alma chillando hacia las profundidades del hades de donde no habría retorno; pero en los ojos de ella, todo vestigio de fuerza había sido consumido, y no daba señales de poder sobreponerse a la debilidad de su espíritu que parecía quebrado.

No era una amenaza.

Se limitó a cruzarse de brazos al tiempo que alzaba una sardónica ceja ante semejante espectáculo indigno que se desplegaba ante él. Frunció el ceño con ligero disgusto, cuando le llegó aquel aroma repulsivo del vómito que yacía en el suelo. El aire de la habitación estaba viciado; saturado con la mezcla de bilis, miedo y muerte, produciendo una combinación para nada agradable que lo predisponía a una actitud negativa hacia la persona a la que le atribuía la culpa de todo aquello.


-¿Es que acaso ni siquiera eres capaz de responder una simple pregunta? Vamos, ponte de pie, que todo el teatro no podrá convencerme. Ten la decencia de al menos morir con los pies bien puestos sobre la tierra. – En sus ojos nadie sería capaz de encontrar el más ligero ápice de compasión, lo que hacía sonar sus palabras aún más duras de lo pretendido; pero cuando ella por fin se las arregló para pronunciar palabra, nada de lo que escuchó era lo que había esperado.

No rogaba por su vida, ni siquiera intentaba explicarse; parecía aceptar su destino e incluso pensar que lo merecía, aunque nada parecía terminar de encajar, como si las piezas que había reunido el guerrero, fueran las de un rompecabezas completamente distinto al que yacía ante él, desamparado y sin ofrecer pistas con las que poder ordenar todo aquel lío.

No entendía como había pasado de estar frente a lo que creía era una fría y vil asesina, a contemplar a una hembra histérica revolcándose en la miseria de forma casi literal. La agresividad en su pose comenzó a vacilar, como la trémula luz de una vela solitaria que era azotada por el inclemente viento de la duda creciente.
-Oye… ¿Estás bien? – Finalmente pronunció aquellas palabras al ver como se “desvanecía” ante sus ojos. -¿Pero que demonios…? –

Dio un tentativo paso hacia adelante, y luego otro, seguido de uno más, hasta que finalmente estuvo junto a la única persona que seguía respirando –esperaba- en la habitación. Se arrodilló junto a la mujer, para comprobar sus signos vitales y verificar que, en efecto, estaba inconsciente. Con un resignado suspiro que dejaba entrever la confusión que se removía en su interior, optó por sentarse a su lado, y movió el cuerpo de ella de modo que la cabeza de la mujer inconsciente se apoyara en el regazo de él.

-No tengo tiempo para esto. Tienes que despertar. – Aquello era una verdad que permanecía suspendida sobre su cabeza como una espada que estaba al caer, pendiendo de la fragilidad de un hilo solitario de energía que lo mantenía atado al mundo. Sin estar dispuesto a esperar que despertara por ella misma, y deseando saber si realmente ella merecía la muerte, pues su actitud había sembrado la semilla de la duda, que lentamente comenzaba a germinar, comenzó a darle golpecitos no tan suaves, para sacarla del lugar en que su mente había ocultado su consciencia, removiéndola de forma ocasional, como quien intenta despertar a alguien que yace dormido. -Vamos, vamos, ¡Despierta ya! Todavía tienes que contarme todo lo que ocurrió aquí. – No era cuidadoso, no era delicado ni sutil, pero se quedaba sin tiempo. No tenía un contrato real que lo sostuviera en el mundo, y los granos de arena del reloj que marcaba el tiempo de su partida ya habían comenzado a caer uno tras otro, devorando los minutos y su tiempo para encontrar un ancla; ancla que no estaba dispuesto a buscar hasta que descubriera la verdad tras toda la escena que se había desplegado ante él y, para su desgracia, la única que tenía la información que necesitaba, yacía inconsciente entre sus brazos; solo podía esperar que sus intentos no fueran en vano y la mujer finalmente despertara.

Achilles
avatar
Servant
Mensajes :
16

Volver arriba Ir abajo

Re: Invocación accidental [Privado]

Mensaje por Aletheia Veritas el Sáb 23 Jul 2016, 5:50 pm

Devorada por la inconsciencia, Veritas soñaba; el cerebro humano es capaz de formular las más estúpidas ilusiones en cuestión de minutos, dormidos, esa cualidad se amplifica y puede presenciar vidas completas en meras fracciones de segundo. El desvanecimiento le permitió observar su situación desde una perspectiva más "objetiva", como si se tratara de una película mala, de esas que las televisoras transmiten durante Noche de Brujas. Ya desde ahí, la detective sabía que estaba soñando: ella no ve películas, su habilidad no le permite disfrutarlas; ella no es de las personas que creen en epifanías o sueños proféticos, incluso siento una rareza le parece un poco absurda la idea, sin embargo, no podía salir de ahí y no le quedó más que dejarse llevar.

La última hora, en la que había perseguido al asesino serial hasta su guarida, se reprodujo de forma apesantada y un poco surrealista; la forma más cercana para describirlo, sería que ella se sentía caminar bajo el agua hasta el punto que los oídos le daban molestia. El tacón de sus botas parecía chocar contra madera y no contra el cemento del suelo; las paredes eran más cerradas, dándole un tinte claustrofóbico a la habitación y haciéndola sentirse sofocada al mismo tiempo, se le dificultaba el respirar mas eso era atribuido al hecho de que eso no era un sueño ya: era una pesadilla.

Está por demás decir que lo que siguió, era una copia exacta de lo que había experimentado no hacía ni cinco minutos; gajes de su habilidad, la detective carecía del asombro que un ser humano normal hacia ese tipo de situaciones. Sin embargo, tuvo una variación; lo que sus ojos no pudieron procesar en ese momento, el subconsciente había sido capaz de capturar en alguna clase de fotografía mental. El hombre que, hasta hace poco le había amenazado con matarla, no era alguien normal, es más, había aparecido en el centro de ese círculo satánico... de la nada, como si el aire mismo lo hubiera trído al mundo y con él, el lazo que les unía ahora de forma antinatural.

Por un momento, se le ocurrió algo más "arriesgado"; usaría su habilidad sobrenatural para saber si lo que decía el extraño visitante era verdad, si ella era su "master". Ya lo había utilizado durante interrogatorios grabados en video y de manera natural al ver películas, mas nunca lo había intentado con sus propios recuerdos y menos con un sueño. Dado que era probable que a éstas alturas ya estuviera muerta por desmayarse frente al amenazante ser, no tenía nada que perder; es decir, no es como si le fuera a hacer algo peor que matarla, ¿o si?

¡Deja de pensarlo y sólo hazlo! se dijo a si misma, y así hizo; sintió de pronto cómo sus ojos comenzaban a realizar su truco, las flamas azules los rodearon y, aunque era probable que su cuerpo inconsciente también las presentara, no le importó. Inquirió en la situación que se le presentaba, de la misma forma con que había hecho durante investigaciones policiacas, donde las pistas por alguna razón, se le aparecían casi por si solas.

Analizó las palabras del sujeto con detenimiento, prestando mucha atención al término "master", que significa maestro o amo; al parecer, de alguna forma, el lazo rojo le daba a la morena ese estatus, aunque bien podría ser a la inversa. Mas la construcción gramatical implicaba su primera sospecha: ella era la "master" de ese ser, mas siendo honestos, eso no le decía mucho. Quiso seguir indagando más al respecto, sin embargo, el estado de su cuerpo no se lo permitía, ahora mismo la cara le dolía mucho y le obligó a abrir los ojos de golpe.

Lo que se encontró, fue al ser que acababa de aparecer y le amenazaba, sin embargo, ahora mismo parecía algo preocupado por su estado, ¿sería posible que ahora no quisiera matarla? Debía estar completamente segura de ello por muy obvias razones; ahora no tenía su arma en la mano y, si quisiera, le podría romper el cuello como si se tratara de una ramita de árbol y sin esfuerzo alguno. Lo primero que alcanzó a decir fue aquello que constataría el estatus, aún incierto, entre ambos:

—Si, soy tu master —su voz era firme y le miraba a los ojos, como una forma de demostrarle que no titubeaba; tal como se le enfrenta al peligro. En realidad no sabía lo que conllevaba el aceptar ese puesto, no pudo vislumbrar en la clase de aprieto que acababa de meterse pero, por primera vez en su vida, no se preocupó por no saberlo todo. De cierta forma, se trataba de una clase de prueba personal para ella, la detective que jamás es sorprendida comenzó a sentir un poco de asombro en toda ésta situación.

El lazo que estaba alrededor de su corazón se tensó, presionó con fuerza y le pareció doloroso de hecho; no esperaba que un hilo de naturaleza incorpórea fuera capaz de hacer eso. Se llevó la mano al pecho, como acto reflejo, por lo que se incorporó un poco. Cerró los ojos con un poco de agonía, mas cuando los abrió, vio perfectamente cómo "algo" salía literalmente de ella y pasaba a ese ser: casi como si se tratara de los nutrientes que una madre le da a su hijo no nato a través del cordón umbilical.

Esa sensación, jamás experimentada por la chica y de la cual no estaba al tanto, se trataba del paso de energía mágica a ese hombre; sin embargo, dado que ella no posee tal componente perse, técnicamente lo que sucedía era que le pasaba parte de su energía vital. De ésta forma, lo que sucedió a continuación no era una sorpresa: comenzó a retorcerse de dolor en brazos de ese joven; de no ser por la tormenta, sus gritos pudieron haber sido escuchados por los policías que estaban esperando ya su aparición... aunque eso no implica que alguien más, dentro del recinto, no pudiera escucharla. Más que alguien, se trataba de "algo", y no era muy agradable ni iba en son de paz ahora que su maestro había caído a manos de la morena.

Nota del autor:
Disculpa la mega tardanza! Espero que mi cutre respuesta sea satisfactoria, de lo contrario, me avisas y la cambio! La habilidad utilizada es la siguiente, sin embargo sólo de forma interpretativa, pues no ha sido aprobada al 100%:

Spoiler: Al llegar a una escena del crimen le facilita el encontrar las pistas para resolverlo.

Efecto: Tira estamina, al usarse se gastan 15EP, por cada dado comprendes un hecho de lo acaecido, si logras los 4 logras saber con certeza como sucedió el suceso.
Aletheia Veritas
avatar
Humanos
Mensajes :
6

Localización :
En la jefatura de policía

Ocupación :
Detective

Volver arriba Ir abajo

Re: Invocación accidental [Privado]

Mensaje por Achilles el Vie 05 Ago 2016, 3:34 pm

El reloj continuaba su avance incesante que perduraría hasta el fin de los tiempos. Con cada segundo transcurrido los minutos se acortaban, y el tiempo del que disponía era devorado sin que hubiera vuelta atrás. Su frágil unión con el plano material comenzaba a debilitarse, y pronto su fuerza menguaría, acrecentando su ya de por sí mal humor, pues para semejante guerrero no había escenario más indigno que el caer incluso antes de haber combatido, debido a la imprudencia de una mujer incauta.

La exasperación que sentía, cual bestia salvaje que en lugar de devorar sus entrañas, agotaba su paciencia, se hizo notar en sus actos: finalmente le dio una bofetada quizá más fuerte de lo estrictamente necesario, para conseguir despertarla; no solo a él le quedaba poco en aquel plano mortal, sino también a ella, pues si no obtenía pronta respuesta, no dudaría en tomar la vida ajena, aún si era lo último que hacía antes de desvanecerse en la nada de la espera de un futuro incierto.

Pero los dioses no lo habían abandonado, y el destino aún le sonreía, pues los ojos que permanecían cerrados, y la consciencia que se hallaba perdida, finalmente hicieron el camino de regreso desde el que fuera el lugar en que habían estado, para que la mirada de ambos pudiera reunirse y la verdad aflorara.

Las primeras palabras de la joven que yacía indefensa entre sus brazos, fueron las necesarias para completar el pacto que los uniría de manera irrevocable; de forma inmediata, el griego pudo percibir como su existencia se anudaba más sólidamente a aquella realidad. Todo era gracias a ella, una presunta asesina sin corazón a la que no dudaría en detener, aunque fuera su propia Master; él era un héroe, y se comportaría en consecuencia, aunque s u situación fuera precaria; pero tampoco podía actuar, sin conocer la verdad tras los hechos, por lo que agradecía el tiempo que le habían otorgado.

El alivio poco duró en su pecho, pues en el mismo momento que sintió el suministro de energía adicional alimentar sus fuerzas, la mujer comenzó a retorcerse y gritar. Se preocupó de que ella no golpeara su cabeza contra el suelo por causa de los espasmos, y la sostuvo con firmeza, mientras algo de preocupación se habría paso en su mirada.
-¡¿Qué rayos te sucede!? – Hizo la pregunta aunque casi de inmediato descubrió por sí mismo la respuesta. La naturaleza de su vínculo era inusual, así se lo revelaba la información que el artefacto omnipotente que le había abierto las puertas de aquel mundo, le entregaba.

-Tú no eres la más indicada para ser una Master… ¿No me invocaste, verdad? – Era imposible; cual velo que se alza para revelar los misterios que permanecían ocultos, las piezas de todo aquel rompecabezas comenzaban a encajar, dando forma a un resultado que no se terminaba de creer, pero que cada vez parecía más factible.

Pero antes de que pudiera continuar reuniendo la información que parecía llegar en lentos goteos de una corriente moribunda, algo llamó su atención, despertó sus instintos y lo puso en estado de alerta inmediata.

El murmurar de incontables pisadas llegó hasta sus oídos, probablemente atraídos por los gritos de la joven; se lograban escuchar retumbantes gruñidos, nacidos del pecho amplio de fuertes bestias salvajes que, sedientas de sangre, salían bajo el amparo de la oscuridad para capturar a las presas que, como ciervos desvalidos, sucumbirían bajo el filo de sus garras, cegadas sus vidas, por el ímpetu de sus colmillos hambrientos.

Pero él no era la presa de nadie.

En un fluido movimiento el guerrero se puso de pie, sin bajar a la joven que yacía entre sus brazos; la acomodó mejor, recargando su peso más en un brazo que en el otro, de modo que pudiera defenderse si algo les saltaba encima, cada vez más convencido de que ella era en todo aquello, una víctima en lugar de la perpetradora de tanta atrocidad.

De las sombras finalmente emergieron las siluetas caninas que los acechaban. De pelaje negro como cielo de la noche carente de estrellas, eran difíciles de discernir en la penumbra; sus ojos carmesí los habían fijado como blanco, y sus hocicos abiertos salivaban profusamente en lo que era pura anticipación. El que otrora fue llamado “el mejor de los aqueos”, sostuvo con firmeza su lanza, sin lucir en lo más mínimo atemorizado por las cerca de diez criaturas que se aproximaban a paso pausado.
-Imagino que esas bestias sangrientas no son las mascotas que protegen tu taller, ¿verdad? Si lo son deberías detenerlas antes de que las desmiembre y luego siga con tu cuerpo. – Aunque era una clara amenaza, su tono ya carecía de la dureza anterior; su agarre no se aflojó en lo más mínimo, aunque ya no era amenazante, sino casi cuidadoso, incluso protector. Se debía a que dudaba que la mujer fuera la que montó todo el ritual, no parecía ser una magus, y solo uno podría haber armado lo que sin dudas era un taller protegido por lo que en apariencia eran un tipo de familiares. Pero sin importar lo que creyera, debía asegurarse, y lo que ella respondiera, y lo que las bestias hicieran, ayudarían a echar algo de luz en todo aquel enredo.
Achilles
avatar
Servant
Mensajes :
16

Volver arriba Ir abajo

Re: Invocación accidental [Privado]

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.